ARCHIVO del patrimonio inmaterial de NAVARRA

Ablitas

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  • Denominación oficial:
    Ablitas
  • Tipo de localidad:
    Municipio simple
  • Censo:
    2494 (2016)
  • Extensión:
    77.00 km2
  • Altitud:
    387 m.
  • Pamplona (distancia):
    104.00 Km
  • Datos oficiales de la localidad:
    Datos del Ayuntamiento de Ablitas: C/ Mayor, 78. C. P.: 31523, Abltas. Tfno.: 948 813212 Fax: 948 813011 Email: ablitas@masbytes.es Página web: http://www.ablitas.com/


Zona no vascófona.

La localidad de Ablitas se encuentra situada al sur de la Comunidad Foral de Navarra, dentro de la Ribera de Navarra y a una altitud de 387 msnm. Su término municipal tiene una superficie de 77,48 km² y limita al Norte con el municipio de Tudela, Al Nordeste con los de Fontellas, Ribaforada y Cortes, al Sur con los de Mallén, Borja y Tarazona todos ellos en la Provincia de Zaragoza y la comunidad autónoma de Aragón y al Oeste con Barillas y Cascante.

Clima

El clima es de tipo mediterráneo continental: fuertes oscilaciones térmicas, temperatura media anual de unos 14″C, lluvias escasas (350-400 mm, en unos 60 días) e irregulares, aridez (unos 750 mm de evapotranspiración potencial), sobre todo en verano.

Orografía

Desde el punto de vista geomorfológico se puede dividir en dos partes. En el NO dominan Los aluviones cuaternarios de Las terrazas del Queiles y de Los glacis de erosión; aquí están la balsa de Valpertuna y la laguna de Lor. En el resto, el terreno es topográficamente más accidentado, sobre todo en la banda miocénica de yesos con módulos de silex y un poco menos en Los afloramientos limo-arcillosos con intercalaciones de estratos calcáreos del mismo periodo geológico, que se prolonga por el E, desde El Mojón (433 m) hasta Monterrey (375 m).

ARQUEOLOGÍA. En un término se encuentran los yacimientos de El Villal y la Mesa. Se realizó un hallazgo aislado de monedas ibero-romanas, el conjunto consta de unas 100 piezas procedentes de las cecas de Bilbilis (Calatayud), Caesarangusta (Zaragoza), Calagurris (Calahorra), Turiaso (Tarazona) y Osca (Huesca). Las monedas corresponden a diversa cronología: ibéricas, romanas republicanas y romanas imperiales.

HISTORIA. Está documentado como núcleo habitado inmediatamente después de la reconquista de Tudela (1119), a cuyo fuero y jurisdicción fue adscrito por Alfonso 1 el Batallador. El mismo monarca puso la mezquita bajo la dependencia de Santa María de Tudela (1121), pero en el lugar subsistió una nutrida comunidad musulmana. También debió de permanecer una minoría de origen judío, en la que iban a descollar en los siglos siguientes los miembros de la familia de Ezmel de Ablitas. Tras una penetración aragonesa (1137). a la que respondió pronto García Ramírez el Restaurador con una contraofensiva en este nuevo sector de la frontera del reino pamplonés, la villa y el castillo estuvieron encomendados durante veinte años a Gonzalo de Azagra, «tenente» también en Tudela. Quedó luego directamente vinculada al patrimonio de la corona, a la cual aportaba en 1280 un tributo de 72 libras y 5 sueldos en metálico y una pecha de trigo asignada entonces como emolumento a Ponz de don Açach, uno de los sucesivos alcaldes de la fotaleza, por la cual había prestado homenaje poco antes a la reina Juana I el magnate Martín Ruiz de Aibar. En tiempos posteriores conservó su importancia de plaza fronteriza. Sufrió el asalto de grupos aragoneses incontrolados (1350-1352) y en su defensa contra los contingentes armados de Pedro IV destacó (1362) un equipo de diez ballesteros moros del propio lugar. Los mandaba Martín Enríquez de Lacarra, capitán de la Ribera y alférez del soberano Carlos II, el cual le había dispensado con carácter vitalicio (1361) esta villa y la de Fontellas por un tributo anual de 400 libras. Disfrutó después sus rentas el chambelán Rodrigo de Uriz (1368). Las campañas de Beltrán Du Guesclin habían arrasado ya la población en marzo de 1366. Reservándose la soberanía y jurisdicción en todas sus instancias, más la pecha de los judíos, Carlos III otorgó (31 de enero de 1405) el señorío hereditario de la villa y su término al mariscal Martín Enríquez de Lacarra. El mariscal gozaba de las rentas del lugar desde 1389 y anteriormente lo había hecho su padre homónimo. Se le recompensaba así su valioso servicio prestado durante una década en Cherburgo, último bastión navarro en Normandía. El régimen señorial fue confirmado por Juan II (1439), el cual atribuyó también a sus titulares la jurisdicción baja y mediana (1450). La población, a la que el mismo soberano rebajó en su cuarta parte su contribución en concepto de cuarteles (1454). quedó así vinculada secularmente al linaje de los Lacarra; estos iban a asumir incluso la jurisdicción criminal en primera instancia (1638), pocos años antes de que el señorío fuera instituido en condado (1652) con derechos de nombramiento de alcalde y dos regidores. El concejo local, que mucho tiempo atrás había tratado de participar en la marcha del reino y había sido castigado (1300) por integrarse a las juntas formadas frente al soberano francés Felipe I (IV) el Hermoso, está documentado por lo menos desde mediados del siglo XV.

No se conocen los destinos de la floreciente aljama de moros, a la que habían tratado de incorporarse (1304) sus correligionarios de Ribaforada y que en el siglo XIV agrupaba más de la mitad de los hogares de la villa. Debió de diluirse durante la crisis, ya señalada, de la siguiente centuria, aunque en 1415 todavía contribuía al fisco con 30 florines, más de la cuarta parte que lo asignado a Tudela.El término, que había englobado los antiguos lugares o almunias de Abofageg, Alcabet, Basahon y Pedriz', desolados a lo largo de la Edad Media, poseía canteras de alabastro que se explotaron para labrar capiteles del castillo de Tudela (1391-1394) e imágenes de los reyes destinadas al palacio de Olite (1413). Con cargo a las pechas de la villa había fundado Enrique 1(1271) en el monasterio femenino de Tulebreas una capellanía perpetua, confirmada por Carlos III (1388); la citada donación del señorío a los Lacarra privó de este beneficio a las monjas, las cuales lograron finalmente que la princesa Leonor renovara la dotación (1477) con cargo a los derechos que todavía corresponderían a la corona en concepto de cuarteles e imposición.

Ablitas permaneció como señorío del linaje Lacarra (Enríquez de Lacarra) durante toda la denominada Edad Moderna. Sin embargo, al menos en las postrimerías del siglo XVIII, la herencia del señorío no estaba clara; se le atribuían -y titulaban por tanto señores de Ablitas y vizcondes de Valderro- los descendientes de las dos ramas resultantes de los dos matrimonios contraídos en sus días por el mariscal de Navarra (lo era en 1581) Felipe Enríquez. Ambas ramas entablaron pleito por ello, que todavía estaba sin resolver cuando el régimen señorial se abolió, tras la guerra de 1833- 1839.
Al acabar el XVIII la gobernaban dos regidores y un alcalde que designaba el conde (entonces la condesa de Montijo).

A comienzos del siglo XIX, se recogía en el lugar trigo, cebada, uva, cáñamo, y aceite; había pastos para ganado lanar y canteras de alabastro y yeso. Mediada la centuria, su tierra de cultivo se estimaba en 7.000 robos, algo menos que la que se debía cultivar a comienzos de siglo.Hacia 1930, tenía seis trujales, seis grandes bodegas, una cochera, una fábrica de harinas, cinco de aguardientes, cuberos, varios hornos de cocer pan, algunos comercios, caja rural, casino agrícola y dos posadas.

CENTRO HOSPITALARIO. Ablitas poseyó un hospital, fundado en el año 1300 por acuerdo del ayuntamiento. El sostenimiento de los enfermos y de conservación del edificio corría a cargo del Hospitalario, que conseguía los fondos gracias a las limosnas de los vecinos. En 1767 el Real Consejo de Navarra ordenó que la colecta fuera realizada por dos regidores los días festivos. En 1896 fue declarado municipal y en 1910 se encargó en custodia a las religiosas de la Consolación.

HERÁLDICA.Trae de plata y un castillo de oro, almenado de tres almenas y adjurado en su color natural, sumado de dos leones de gules rampantes y tenantes y una corona abierta por timbre. Ofrece la anomalía de figurar metal sobre metal, que contraviene las leyes de la Heráldica.

CASA CONSISTORIAL. Fue construida en 1606, con sillares procedentes de la Torre de la Torraza. La estructura actual obedece a la reforma llevada a cabo en 1887. Su ayuntamiento está regido por alcalde y diez concejales.

CASTILLO. Fue reedificado posiblemente a raíz de la conquista de la villa por Alfonso I el Batallador. En 1276 prestó homenaje a la reina Juana por ésta y otras cinco fortalezas el merino Martín Ruiz de Aibar. Cuatro años después se trabajaba en labrar de nuevo el muro exterior, que se había desplomado. En 1320 era alcaide Juan Le Chat, que percibía por la retenencia 10 libras y 50 cahíces de trigo. Se llevaron a cabo obras de reparación en 1357, que continuaban en 1360 siendo alcaide Beltrán de Ribaforada. El castillo sobrevivió a las demoliciones decretadas en 1516 y 1521. Todavía dominan la villa las ruinas de la torre cilíndrica, de sillería, conservándose también algunos pasadizos o galerías, y un recinto circular con bóveda de ladrillo.

PALACIO. El señor de Ablitas figuraba entre los gentileshombres remisionados hacia el año 1520, según una relación de esa época. El palacio del conde aparece consignado como de cabo armería en la nómina oficial del reino, y se constató su existencia en el rolde de 1637. El año 1788 el título había recaído ya en el conde de Montijo.En el libro de Armería aparece el escudo del señor de Ablitas, pintado de sable y veintiún bezantes de plata puestos en palo y en aspa. La antigua casa del condado se conserva en la Plaza de los Fueros. Es de ladrillo con puerta adintelada de piedra y galería de arquillos. Ostenta en su fachada un escudo cuartelado, en el que alternan las armas de Navarra con el león rampante, timbrado el blasón con la corona condal.

PARROQUIA DE SANTA MARÍA MAGADALENA. Destaca la parroquia de Santa María Magdalena, edificio de origen medieval, aunque su aspecto actual obedece a obras y transformaciones del siglo XVI. A partir de 1564 se llevó a cabo una remodelación del viejo edificio para convertirlo en una construcción gótico-renacentista, empresa en la que intervinieron el arquitecto Guillaume Brimbez y el obrero de la villa Pedro Verges. Es ahora cuando se construyen los dos tramos de los pies pertenecientes a la nave central, con sus correspondientes capillas laterales. La cubierta es de bóveda estrelladas, con nervios que apean en ménsulas platerescas de yeso. También data de esta época el coro alto que se eleva sobre los pies. Una segunda transformación se llevó a cabo a fines del siglo XVI para ampliar con tres naves de dos tramos el templo más una cabecera poligonal y la sacristía aneja. Aquí se vuelven a utilizar las bóvedas estrelladas de tradición gótica, salvo la capilla mayor cubierta por un cascarón con motivos geométricos planos, típicos del manierismo. Durante el siglo XVIII se transformaron los tramos de los pies de la nave del Evangelio, cubriéndolos con bóvedas de aristas. El exterior del templo refleja las distintas etapas de obra, distinguiéndose la parte medieval por sus muros de grandes sillares, mientras que en las obras del siglo XVI se emplea el ladrillo, enriquecido en la fachada principal y cabecera con labores de ternas geométricas de abolengo mudéjar. A los pies emerge la torre con un fuste de cuerpos decrecientes con matacanes, labrados en sillería, que pertenece a la fábrica primitiva del templo. El campanario, de ladrillo y disposición octogonal, es un añadido barroco del siglo XVIII. El interior lo preside un retablo, realizado entre 1642 y 1644 por el maestro Francisco Gurrea, vecino de Tudela, según trazas de Jerónimo de Esutaragán.

Su mazonería tiene una arquitectura compleja propia de un manierismo tardío. Se compone de un doble banco y un cuerpo único de tres calles formadas por columnas sobre las que montan frontones curvos abiertos y otros rectos en las calles laterales. El conjunto lo preside una talla de Santa María Magdalena, de la época del retablo, mientras que a las calles laterales y al ático corresponden pinturas de estilo italianizante y pretenebrista que representan la Ascensión, la Asunción, el Ecce Horno y la Virgen del Pilar. También destaca el retablo de la Purísima, en cuyos dos cuerpos se reparten varias pinturas de estilo manierista italianizante con temas marianos, contratado en 1625 por el pintor Juan de Lumbier. El pequeño retablo dedicado a San Antón, obra plateresca, fue realizada en 1551 por Pierres del Fuego, entallador de Tarazona. Mención especial merece una escultura de la Virgen con el Niño en brazos que data de mediados del siglo XVI y puede relacionarse con el círculo de Damián Forment; se guarda en el Museo Diocesano de Pamplona. La talla de San José, de incipiente naturalismo barroco, fue realizada hacia 1620 por el escultor de la tierra Juan de Biniés.
El tesoro parroquial posee un copón plata dorada, pieza del primer cuarto del siglo XVI con esquema gótico y decoración plateresca, que lleva estampado el punzón de Zaragoza. De esta misma centuria es un cáliz plateresco de plata dorada.

ERMITAS. Contó con las ermitas dedicadas a San Miguel, la Purísima Concepción y San Juan de Pedriz, hoy desaparecidas. Actualmente, en su término se emplazan las ermitas de San Miguel y la Purísima Concepción.

ÓRGANO. Cuenta con un ejemplar de fachada desigual, dado que a una a una caja barroca se añadieron detalles posteriores, que restan unidad y belleza a su arquitectura externa.